martes, 12 de febrero de 2013

Soy Sonero


¿Cuál es el afán del pregón que tienen los funcionarios que hacen bien su trabajo, mi vale?  ¿Pa qué pregonan lo que, en sí mismo, es su función de hacer?  ¿Están vendiendo arropillas? ¿necesitan que, como las palenqueras que venden “alegrías”, todas las personas que están alrededor de la calle sepan que llevan la palangana llena?

Yo sinceramente no lo entiendo, valemía. Veo a funcionarios como @hollmanmorris o el alcalde de la Tunja Grande, contando por Twitter cada cosa que hacen. Y me parece no solamente ridículo, sino visiblemente idiota. Me parece ridículo porque no le veo sentido: es como si Falcao dijera por Twitter que él está haciendo goles, que los ha hecho y que los va a hacer.

 ¿Te imaginas la cara de jopo que pondrían los apoderados de él en el Atlético de Madrid si ven a Falcao diciendo eso? Falcao tiene que hacer goles porque pa eso lo contrataron, malditos funcionarios exhibicionistas.

¿Acaso ustedes ven a un aseador de basura de la plaza de tu pueblo pregonar todo el tiempo que está barriendo las porquerías que otros arrojan sin pensar en la ecología y creyendo que la localidad es de ellos? Esos manes no dicen nada. Esos valecitas lo único que hacen es sacar su escoba y barrer callados. Algunos oyendo champeta pa aguantar el golpe de calor a 35 grados a la sombra y pa soportar también el filo del estómago pegado al espinazo. Y cuando terminan, recogen sus chécheres y se van. El trabajo bien hecho, generalmente es silencioso, como silenciosa es la labor que hace la mayoría de colombianos que día tras día mueve el culo en este país para producir y llevar la comida pa la casa.

Pero en el caso de estos pelafustanes funcionarios, la vaina no es así. Si aprueban un presupuesto para las minorías, enseguida van a y lo gritan a los cuatro vientos; si condenan el despilfarro de unos recursos, salen enseguida a escupirlo por Twitter; si llaman a la conciencia ecológica o compran unos malditos camiones basuriegos, corren a escupirlo en Facebook. Estúpidos, miserables… no son más que unos pedazos de fanfarrones exhibicionistas. Te hablo a ti, Petro y a ti Hollman Morris que me tienen harto ¿Habrán tuiteado la hora en que cagan?

Pero si hay bichos peores que los que tuitean lo que hacen, son los funcionarios que ya pasaron por la silla del poder. Esas boñigas bípedas tipo Uribe o Peñalosa se dedican a despotricar los gobiernos actuales, como si en sus mandatos anteriores se hubieran destacado como Mariana Pajón en los Olímpicos.

Uribe grita que el gobierno de Santos no es mejor que el de Humala ¿Y el tuyo qué, pendejo?  ¿El tuyo acaso no fue el gobierno que más se pasó por la faja los Derechos Humanos de toda la historia de Colombia? ¿por qué no dejas de mostrar las fotos de los policías muertos y más bien nos dejas ver las fotos de la declaración de renta de tus hijos? ¿Por qué evades todos los temas comprometedores cuando te sientes acorralado y enseguida como una rata te vas por la tangente? ¿por qué criticas el proceso de paz actual pero no nos dices adónde está escondido tu alto comisionado de aquella época cuando eras tú el que negociabas y él quien decidía dónde estaba la moral?

Y Peñalosa, ese es otro: criticando a Petro cuando la ciudad capital de Colombia (la ciudad que celebra el Día sin metro o el Día del taxi, que no el del No Carro) es el resultado también de su muy mal manejo. Sepa, Enrique, que la obligación de un alcalde es dejar la ciudad lista para que el que siga no tenga que detener su proceso de evolución urbana y progresista. Si el mandatario actual no sirve es básicamente porque no encontró una gestión clara de la anterior. Te hablo a ti, Enrique. Le hablo también a usted, Uribe. Yo por miedo no lo tuteo.

Y eso en general, lo de criticar sin verse la paja en el ojo propio, es el maldito mal que nos aqueja desde que este cagadero se convirtió en patria. Recuerdo cuando en la otra vida, vi que Bolívar no terminaba de organizar la independencia cuando ya la envidia de otros ineptos ahogaba sus nobles planes. Santander y el resto de batracios mediocres ya veían la manera de torpedear, hinchados de envidia, cualquier iniciativa que llevara a Bolívar a destacarse del resto.

Y eso pasa en la actualidad, con la diferencia de que Peñalosa y Uribe quizás sean más ruines que Santander en su época y de que, claro, el único acercamiento de Petro con Bolívar, quizás sea el del barrio capitalino que lleva su nombre, aquella vez en donde de pronto habría inaugurado un colegio.

Dejen de pregonar lo que hacen, funcionarios. Dejen de ser cínicos, funcionarios anteriores. Ustedes ya tuvieron su oportunidad y todavía deben errores del pasado. No suba fotos de policías muertos, paranoico tirano. Más bien suba la de Job entrando al Palacio de Nariño y explíquenos bien cómo fue que lo dejó pasar por esa puerta, cuando no ha parado de autoproclamarse el Rey de la Seguridad Democrática.

Y ustedes Tuiteros, también paren con la criticadera de los otros. Porque si hay algo claro es que uno ya sabe que son visiblemente estúpidos. Exhibirlo también es un pleonasmo.

Me prometí a mi mismo que no iba a volver a escribir en este blog porque creía que ya todo lo había dicho. Pero creo que hay que volver para dejar una que otra cosa en su puesto y enseñarles a algunos a poner el dedo en la llaga, como Satán manda.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Delincuentes genéticos.


Lo más cercano que podremos ver la cara del ganador del Baloto es el billar donde lo compró. Jamás apreciaremos su cara feliz, básicamente porque por aquí hay mucha maldad, mucha envidia, porque nadie soporta que una persona como ese tipo le empiece a ir demasiado bien. Porque lo matan, brother.

Pero eso no es lo único. Aquí pasa con todo cuando te va bien en algo: ¿o ya se te olvidó el gesto de la cara de tu compañero de oficina cuando tu jefe te felicita? El man finge que te palmea el hombro, pero en el fondo quisiera cortarte el cuello con una motosierra, como las que abundaron por allá por San Onofre, hace unos añitos.

Y es que Colombia no supera su maldad, su resentimiento, su envidia. Pero ¿cómo superarla cuando desde el comienzo fue así? Bueno. No desde el comienzo. Más bien, desde que llegaron los españoles a jodernos la vida. Porque nosotros somos ese resultado: la consecuencia de una indígena resentida y deprimida, con las piernas abiertas y sintiéndose violar por un ladrón y asesino español que solamente tenía en su mente el saqueo como propósito, por encima de cualquier cultura, por encima de cualquier dignidad. Me pongo a pensar que España tiene que ser un país muy bruto como para estar en la quiebra después de haberse mamado todo el oro de un CONTINENTE.

La indígena violada por ese español delincuente llora básicamente porque ese español ya le ha traspasado con su lanza, hace unos minutos, el estómago a su marido; y también el de su hijo de diez o doce años a quien le ha sacado las tripas y las ha exhibido en el peor de los actos de barbarie que siempre han sido superado con el paso de los años por los delincuentes que produce sin cesar este país. Y esa es nuestra herencia. Nada de exaltar multinacionales que vienen desde nuestra madre patria. La herencia de los españoles es la muerte, la exclusión, el racismo.

Por eso el valecita del Baloto no pone la cara. Porque aquí estamos al acecho a ver quién es el que progresa pa joderlo. Este fin de semana vi un programa de esos de la mañana y repetí una y mil veces el momento donde el presentador hablaba del ganador del Baloto. Empezó primero hablando de que había caído el sorteo, pero con una especie de ira contenida y de envidia porque no le tocó a él. Se le notaba mucho en su cara. Luego, pasó por el estado ese en donde empieza a mandar las felicitaciones, pero impregnado (siempre por debajo de cuerda, solapado, como buen colombiano) por una especie de rabia eterna. El presentador remató con la frase: “Felicitaciones, NO?” Ese último “no” fue lapidario: fue como decirle, “Que te coma el perro de dos cabezas, maldito igualado, nuevo rico de mierda. Te odio por no haber sido yo. Porque te va a ir bien. No me alegro porque serás feliz, te odio porque eres afortunado y yo sigo en este oficio de presentador trasnochado que me está acabando mis días en el amargue y la extinción”. Esa fue mi impresión. Tal cual. Pero no me paren bolas. Está claro que yo siempre estoy equivocado con lo que digo. Demasiada paranoia en estas fincas eternas de Malagana.

El caso es que el gobierno se muere por firmar la paz pero yo me pregunto: ¿qué haremos cuando se firme, si nuestros propios genes están impregnados de odio? ¿No se vieron la jornada de fútbol colombiano del fin de semana? Esa fue mortal. La Alcaldía bogotana buscando vándalos en las tribunas cuando Bedoya, un remedo de jugador de fútbol (como lo son la mayoría de futbolistas de este país… “drogos, metelones y zipote e´locos”, me contaban en un almuerzo hace poco) viene y le revienta de un puntillazo en la cabeza a otro deportista que está en el piso, producto básicamente de un codazo en la frente, propinado por él, además.

Si esos son los jugadores, ¿con qué potestad, se le impide a unos hinchas que se agredan entre sí? Cómo se puede generar la paz en un país con  hinchas que por demás, terminan de decorar el fútbol de este país, ya no solo al lado de jugadores irresponsables, anti éticos y viciosos sino también de comentaristas y narradores parcializados, sensacionalistas y poco profundos?  Los hinchas son producto de esto: y por eso deambulan por las tribunas ignorantes y perdidos, cantando como argentinos en una ciudad a miles y miles de kilómetros de distancia de Buenos Aires y a su nivel futbolero, por cierto.

Por eso es que no progresamos. La tergiversación de la buena onda viene de los narradores, de los comentaristas, de los periodistas, de los presentadores como el que te comentaba, de esos intelectuales avaros que no comparten el conocimiento, básicamente porque los invade el miedo: “si el otro llega a saber algo, descubrirá mi mediocridad”. Ese es su slogan y su legado.

Y de ahí venimos y eso somos y esa es nuestra respuesta: Colombia.

Y como casi nadie lo ha hecho, yo, desde mi finca, le mando alegrías, buenos deseos y un futuro lleno de sabrosura al valecita que se ganó el Baloto. Ojalá te vayas a recorrer este mundo, conozcas culturas, países, comas los mejores platos, te des la buena vida. La vida que seguramente te mereces.

Y también deseo pronta recuperación al man que recibió un puntillazo en la frente, por parte de un colega, de un compatriota que evidentemente no tiene ni idea de qué se trata el deporte. Adentro de Bedoya, se revuelca esa indígena violada por ese español delincuente.  

lunes, 10 de septiembre de 2012

Los Brutos.

Ey, para volaz, te boy a kontar un shiko que te ba a dejar friki. Ace unos dias andava yo de biaje por ayá por Vogotá cuando de pronto me enqentro con un man en el abión que handava jugando ese juego que se yama “Kien Kiere cer Millonario”… y aí jue qando me di de cuenta que estamos mal, kompadre.

El mam se puzo a darle a las adibinansas con las preguntaz. Y arrankó la primera:
1.   ¿Cuál es la capital de España? Y el mam responde: “Barcelona”.

Váila en esa uña, diría el biejo Deyvis por aká por la jinka. Y arrankó la segunda:

2.   Complete el refrán: “No se le mira el diente a un…” y la respuesta: “Perro”.

Broder… yo ke no lo podía qreer. Y benia la terzzzera:

3.   “Estos animales se relacionan metafóricamente con la fertilidad” Rta: las hormigas… (obviamente la respuesta era “Las abejas”…)

Pero el mam no la piyó. El mam ciguio deresho. Y azí termino contestando un cojonal de preguntaz que no tenían nada que berrr. Y qomo que se canzó, y se durmió en el qello de una embra que estavaa a su lao.

Y así como he escrito en los párrafos anteriores, pensé que el tipo tenía la memoria: llena de incomprensiones, de mala ortografía, que no es otra cosa que el reflejo de la forma como un ser humano percibe el mundo. Hubo un momento en donde ese individuo giró el cráneo. Supuse que adentro de eso se tambaleaban enloquecidas unas pútridas vísceras y neuronas cansadas de no ejercitarse. Y quizás, en su hipocampo, latía un miserable reguetón como metáfora evidente de toda la cultura que tenía en sus sesos ese pelmazo.

¡Qué porquería la cultura y la información que maneja la gente de mi querido país, mi vale! El fin de semana pasado, en la Universidad del Magdalena, me contaba un tipo de 23 años que está feliz con su pelaíto de 6 meses, pero que añora mucho aquel hijo que tuvo con una hembra hace siete años (comienza a restar, compadre) allá en Barranquilla. Le pregunté cuántos años tenía la mujer a la que preñó y me contó que tenía 15 años cuando eso.

Le repliqué que se estaba acostando con una menor de edad. Me respondió que eso no tiene importancia en el departamento de Magdalena. Recordó que cuando su hembra estaba pariendo, al lado de ella, en la camilla, había una pelaíta de 13 que estaba escupiendo un varoncito. La perplejidad me pudo más y le pregunté quién había sido el enfermo que había embarazado a una niña de 13 años y me contesta displicente: “ese fue el busetero que vive en mi barrio. Porque es que ahora resulta que todas las pelaítas desde que tienen teticas, salen a buscar, patrocinadas por sus madres, buseteros para que las mantengan… porque esos son los manes que manejan el billete en el barrio”.

La verdad, yo había ido a Santa Marta para dispersar el espíritu de tanta Sabana de Malagana. Pero cuando tuve esa conversación me di cuenta de que nos falta mucho, de que estamos jodidos y se me fue la tranquilidad. 

Hey, para bola: un man que embaraza a una pelaíta de 13 , ¿qué mierda tiene que tener en la cabeza? Y peor aún: la madre de esa pelaíta que la ofrece pa que la preñen, buscando una mejor vida para su retoño femenino, ¿cómo se puede llamar madre? Nada que ver, mi vale.

Y el man que contestaba erróneamente las primeras preguntas de “Quien quiere ser millonario” y esa pelaíta y ese busetero que se la comió, pareciera que no tienen nada en común. En efecto, ni se conocen. Pero yo los junto ahora en esta columna y se los pongo a ustedes pa que lo vean clarito. Porque esas son las vainas que pasan por mi pueblo. Por acá por la costa, donde la ignorancia es lo normal. 

Yo no es que escriba bien. A mí me enseñó mi mamá que era profesora. Pa escribir bien, eso sí, uno lee a los que saben. Pero le sigo mandando mis columnas fielmente, cada vez que puedo, al señor Adolfo Zableh, que no sé dónde encuentra mi gracia. Él me ha dicho por teléfono que no pare de escribir y que tengo más vida que muchos periodistas que hicieron carrera. Bueno, señor. Usted sabrá. Usted y Terra son los que saben. Y así es que sigo botando corriente en el papel y viendo con mi libreta de apuntes lo que pasa alrededor de mi terruño. Un muladar cubierto de boñiga eterna de vaca y de atraso. Yo ordeño vacas y me la paso mirando las estrellas en la noche, al lado de los decapitados de los Montes de María.

Hay gente culta e inculta, que llaman. 

Los incultos son sin duda el busetero intermunicipal y la pelaíta preñada a los 13 y el man que, en el avión, dijo que la capital de España es Barcelona. Pero ellos no se comparan a la educación que tienen unos seres peor de brutos: los guerrilleros con los que se firmará la paz. Porque el problema es que esta gente ignorante que les he comentado, no mantienen en sus almas la soberbia y la terquedad de creerse lo que no son. Los guerrilleros sí. No hay nada peor que un bruto que se cree importante y que se cree dueño de la razón.

Los guerrilleros suelen no saber nada pero creen que todo lo saben. Ellos tienen odio y ese odio los vuelve porfiados. Creen que la verdad solamente reposa en sus mentes y todo lo que no sea como ellos piensan, no tiene sentido. Así ha sido siempre.

Los guerrilleros son peores que los buseteros porque los guerrilleros son soberbios. Pero, mira cómo es la cosa... hay gente peor que los guerrilleros: los congresistas o la gente que llaman "de bien", que es lo mismo. Ellos, además de ignorantes y soberbios, tienen poder y están amparados por la ley y el sistema. Nacen con lujos y con toda la posibilidad de estudiar en colegios de alto nivel intelectual, pero prefieren albergar pensamientos dañinos, enfermos. Optan por el mal. Y optar por el mal en vez de hacerlo bien, con todo lo que tienen, es de gente cutre. La madre. 

Y mira cómo todo da la vuelta. Ese sistema de privilegios que algunos de arriba no aprovechan y que, por el contrario, manipulan en contra de los que menos tienen, es el que a la larga, impide que el busetero que preñó a la pelaíta pueda aprender buena ortografía, que es a la larga, el espejo del alma, como diría algún sabio por ahí que leí. 

Todo da la vuelta, mi vale y todo se repite. Se repite como la tierra que, día tras día, recibe al sol de frente y por la noche, le da la espalda, haciendo que salgan las estrellas que veo junto con los decapitados de los Montes de María. Lo siento: esto último ya te lo había dicho. Sobra decir que no hay un bruto más bruto que yo y que todos los que metemos las manos en la tierra pa cultivar o "arriar" ganado.

A propósito: ¿Cuál es que es la capital de España, mi vale?

lunes, 27 de agosto de 2012

Las vísceras en el cemento.


No se puede andar detrás de aquel viejo amigo que ya no lo es. Veo gente detrás de otra, pregonando a los cuatro vientos que mantienen una linda amistad con otro, cuando ese otro ni siquiera los considera vivos dentro de su panorama existencial.

También ocurre con el amor. He visto cosas peores con el pasar de los días adentro de las boñigas de mi finca.

Te veo a ti. Diciendo que estás de novia de él, cuando se sabe que tu relación acabó hace tiempo. Pero siempre eres esa, de las que se aferra a los imposibles ¿Qué diablos es lo que te pasa, baby?

 ¿Qué persigues cuando mendigas afecto? ¿Dónde está el placer que encuentras en el desprecio? Lo vives llamando más de quince veces al día y has desarrollado una patética coraza que te protege cuando te tira siempre el teléfono. Es una coraza de lágrimas. Como esa mentira que palpita en los comerciales de t.v. que ves todos los días y que te hace pensar que necesitas lo innecesario.

¿Realmente son unas pútridas migajas de sonrisas las que te hacen feliz o es quizás un afán por reforzar un viejo recuerdo de lo que tú crees que es la plenitud?

Hay una especie de halo ideal en la mente de la gente. Todos imaginamos el mundo perfecto, los amigos perfectos, la relación emocional y sexual perfecta. Pero mantenerse eternamente en ese imperio de los ideales es verdaderamente dañino. No hay que seguirle la cuerda al viejo Platón y su mundo perfecto. Hay que bajar de las nubes a la realidad. Algunos se resisten a perder su prestigio cuando esa realidad les golpea en la cara. Pero resulta, nena, que la realidad es un cerdo muerto y maloliente que tú confundes con un hermoso cisne.

La vida pasa. Todas las madrugadas te levantas pensando que no eres nadie. Lo que verdaderamente importa es el presente. Nadie lo hará por ti. El pasado funciona para darte bases y solidificar una posible historia vital. Pero para nada más sirve ese pasado que guardas en cofrecitos de cobre. En estos tiempos de caos, de relaciones banales, la gente quisiera tener algo propio. Así sea un desengaño. Y por eso, viven atados a relaciones o a ideales que nunca encarnarán en nada ni en nadie. Ideales que a la larga te anestesian. Se vuelven dañinos.

Aquellos que se aferran a lo que no existe, corren el riesgo de ser ultrajados. Inventan excusas para permanecer en el tedio. Justifican conductas a todas luces inútiles. Pobres payasos del tiempo.

En medio de esta guerra de vidas, los vampiros emocionales se la pasan buscando a aquellos que viven mendigando afecto y, de manera cutre, meten sus garras por el estómago de sus víctimas y los dejan tirados en medio de la carretera de Malagana con sus vísceras fritándose en el cemento caliente.

Los amigos – esos ángeles sin alas- existen para ayudarte a caminar por tus senderos llenos de charcos y altibajos. Algunos te acompañan por mucho tiempo. Otros caminan contigo unos cuantos pasos. Y eso es lo que debes comprender. Que cuando se alejan, es porque así tenía que ser en el  tarjetero del tiempo del averno.

Mira el vaso de agua. No te fijes si está lleno o vacío. Más bien piensa en esto: la sed que te da siempre será el futuro; el agua que corre por tu esófago cuando te tomas el vaso, es el presente;  y el chorro de orina que se estrella contra la tierra de la finca, es el pasado. El pasado se evapora y quizás te retroalimenta. Pero ya lo dije: vivir en el pasado y en el mundo ideal no sirve de nada cuando tienes en la cara el machete afilado de la puta existencia. No sé si lo entendiste. No sé si te has dado cuenta de que, en esta vida, todos somos nenas indefensas.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Sigifredo y el Turco.


“Viste lo que pasó con Sigifredo, Brigadier?”, me preguntó ayer el viejo Deyvis mientras recibíamos a un nuevo ternero aquí en la finca.

Yo le contesté que me había enterado por @terracolombia, ahí decían que dizque lo habían soltado porque no había más pruebas en su contra. Pero, después de las horas de lo tibio del momento, me pregunto: ¿fueron realmente las pruebas incriminatorias lo suficientemente poderosas como para haberlo metido en un proceso así de grueso? Lo digo porque estamos jodidos si los estándares de credibilidad del sistema judicial se basan en una nariz y en unos testigos de dudosa reputación que dicen que uno es un delincuente. La veo grave, mi pana.

Entonces ya uno no puede parecerse a nadie porque lo implican. Yo tengo la nariz parecida como a 8 trabajadores de mi finca. Me opero ya y me la voy a dejar como la de Michael Jackson que, al menos, ya está muerto. Y la vaina del parecido está grave, valecita, porque resulta que no somos ni más ni menos que casi 8 mil millones de animales humanoides que poblamos esta tierra. Figúrate.

Me pongo a pensar que en cambio, hay otros por ahí que no se parecen a un delincuente sino que lo son… y con unas pruebas absolutamente contundentes pero, ¿qué pasa?: andan libres como la “mariapalito” que todas las madrugadas se mete en mi cuarto pa compartir una taza de tinto importado bien caliente, de ese que nos bebemos acá en Malagana y en el resto del país, precisamente porque el café nuestro se lo beben otros en el mundo.

Y así como uno se indigna por la injusticia contra Sigifredo, también podría indignarse por la falta de justicia frente a un tipo como Merlano por ejemplo, que con video y todo, diciendo mentiras y absolutamente borracho, no tiene la gallardía de renunciar a su puesto como senador. Esa prueba de que el hombre, en medio de su pea, trató a los policías de miserables, mintió acerca de los votos que había sacado y además trató de intimidar a los “de verde”, podría llevarle a que se bajara del puesto. Y eso que todavía no le ha salido algún detallito de su pasado que seguramente no demora en reventar. Échale un vistazo a su familia y date cuenta por qué te lo digo. Es que todo lo puerco que hizo ese man está grabadito, compadre. Las cosas más claras ya no pueden ser. Pero qué va. A estos manes, dueños de la patria, no los escupe nadie del trono de la corrupción. Los culpables casi siempre están en la calle, mamándole gallo a la mala vibra. Los inocentes (muchos de ellos) se están pudriendo en la manigua de cemento y rejas.

Ahora que pasa lo de Sigifredo, yo pienso que, en medio de todo, el man estuvo de buenas. Es que lo retuvieron durante poco tiempo. Echando el coco pa atrás, me acuerdo de otro bacán al que sí le fue feo: el viejo Alberto Jubiz Jazbún. Supongo que nadie se acuerda porque, claro, esas vidas sí no las llevan a la televisión. Pero fresco, gomelito idiota, que sabrás de Jubiz cuando tu gran ídolo, Pablo Emilio Escobar Gaviria, ese portento del sicariato del que tanto hablas y por el que te masturbas en las noches, queriendo ser como él, empiece a planear el asesinato de Luis Carlos Galán. O mejor dicho, si esos manes que escriben esa serie lo hacen bien, seguramente sabrás de Jubiz Jazbún cuando agarren a los responsables del atentado contra el político liberal.

Yo me acuerdo que fue esa noche del 22 de agosto del 89, cuando la policía, cansada de no mostrarle al pueblo la cabeza del responsable de la muerte de quien decían, era el futuro presidente, se metió en un apartamento del centro de la Tunja Grande y haciendo una bien torcida, le metió metralletas al lugar donde moraba el viejo Alberto Jubiz. Figúrate la sorpresa. Y como el man tenía una pinta de “turco” bien adulta, lo vendieron como terrorista y como el responsable de ser quien había puesto “muñeco” al duro del Nuevo Liberalismo que ya estaba bajo tierra y con gusanitos por la nariz.

Y al pobre Jubiz, igualito como a Sigifredo, lo encanaron sin pruebas contundentes. El hombre duró en la cárcel casi 4 años y no hacía más que decir que la noche en que mataron a Galán, se encontraba recibiendo clases sobre cultivos hidropónicos, lo cual era más que cierto, men. Créeme que yo sé por qué te lo digo.

Pero nada. Los “duros” de la ley se la montaron al viejo Jubiz y ahí lo tuvieron en la sombra por más de mil días, en donde evidentemente era poco lo que un bacán de esos podía hacer. En la cárcel no se puede cultivar. El viejo Jubiz era un man caribeño que no estaba hecho para la saliva andina. Lo único que lograron fue pudrirle el alma. Por eso salió hecho un filipichín. Me acuerdo que lo vi cuando lo soltaron, de noche, en el hotel. El propio Alberto estaba transformado y la bacanería la fue recuperando pero con el paso lento del tiempo.

Ya no era lo mismo: la cicatriz de un encarcelamiento injusto y de las horas perdidas no se borra ni con un mar de ron y todas las caricias de una buena hembra al son de Michel Martely. Jubiz quedó marcado. Obviamente demandó, como lo hará Sigifredo, supongo, pero al igual que él, esa demanda no la verán ni sus nietos. El Estado es experto en mamar gallo. Sino, pregúntale a los pensionados, o entra a un hospital público, o pásate por Malagana pa que veas que las calles siguen igual de polvorientas como el día que fundaron este desastre.

Ojalá que Sigifredo nos disculpe, en serio. Sea lo que sea fue el Estado el que lo encarceló. O sea, me meto en la colada. De alguna manera nosotros los ciudadanos también fuimos en cierta forma, culpables. Por ahí habrá alguno todavía desconfiado que seguirá pensando que el hombre que secuestró a sus compañeros de trabajo sí era él. Pero bueno, si alguien piensa así, será su murga. Yo pido que a Sigifredo no se le baje el ánimo y no termine con el mango detenido como sí le pasó a Jubiz, que colgó los guayos en un abril del 98 de la pura decepción.

Y termino con una frase de él, que la dijo hace más de doce años pero que parece de ayer: “… no puede haber resocialización en una cárcel de Colombia cuando el Estado está delinquiendo, porque el Estado está subvirtiendo el orden jurídico.”

Descanse en paz, viejo Turco. Echa pa lante, Sigifredo.



martes, 17 de julio de 2012

Más rápido


El paso del tiempo sigue siendo el mismo, mi vale. Esa sensación que tienes de que el tiempo es más rápido tiene mucho más que ver con eso, con una sensación, que con algo real. Lo que pasa es que la gente va desmadrada. Pilas con el mango, brother.

La alergia de estos días al aburrimiento, hace que la gente no pueda estar en silencio. Es que tú te quedas callado delante de alguien y pareciera que el otro se pone con el ojo desorbitado como si creyera que estás planeando matarlo. Es en serio: la meditación es considerada un oficio para idiotas y lo que funciona es todo aquello que va emparrandado con algo nuevo , con algo que además, no dure mucho, que sea desechable. O sea, todo lo que dure, lo que tenga pinta de que aguanta el paso de los años, es visto con recelo y con carita de “yo no fui”.

Sobre el tema del aburrimiento, los ejemplos abundan. Al pobre Fernando Caraballo acá en mi pueblo, lo miran mal porque siempre se viene con los mismos sabores de sus raspaos. “Eche, pero si el viejo Fernan acaba de renovar no hace sino dos meses…” les digo a los pelaos. Y ellos me responden “Dos meses es un jurgo, Brigadier”.

Las cosas han cambiado. Basta con viajar en avión. Anteriormente, estar montado en las nubes, permitía mirar por la ventana todo aquello poderoso, mágico y que todavía no hemos descifrado sobre el cosmos y la partícula de Dios. Ir en avión era antes un viaje psicodélico bacano: uno tiraba cabeza al clima de las nubes, a las figuras en el cielo, a los colores traspasados por algún hermoso atardecer, junto a la imaginación desbordada por pensar qué ocurría abajo en la tierra, mientras uno no estaba con el resto de los que vamos directo a la parca. Pero hoy en día, son pocos los que hacen eso, son pocos los que meditan en el avión. Frente al asiento de cada pasajero te inunda una pantalla con tanta cantidad de opciones de juego, de televisión, de música, de ocio, que la gente ni siquiera gira su encéfalo hacia el lado natural.

Las horas en el pájaro de metal, incluso con esas pantallas al frente, también se vuelven aburridas para uno que otro pana. Yo veo a los seres humanos incómodos, moviendo las piernas, con esa mirada como diciendo: “Terminemos este maldito tedio ya”. Son pocos los que miran hacia adentro, los que piensan que estando en el aire, no están vivos. Los que se ponen a reflexionar en torno a que estando a miles de pies sobre el cielo, el mundo sigue igualmente sin mí: golpe duro para el ego, pero golpe al fin y al cabo, liberador para el alma.

Cuando el avión aterriza, todos desesperados, se zafan los cinturones, hacen presión para que los dejen correr hacia la puerta. El avión no ha estacionado pero están locos como un enjambre, pegados a la salida, tratando de salir de un vehículo celestial que, en medio del desprestigio, se ha vuelto poco más que un trámite tedioso de la vida. Ya nadie piensa que viajar en avión es un milagro. Y la gente tiene el descaro de andar pidiendo comida cuando yo por dentro pienso: “ay, mi pana, uno en avión debería viajar en silencio, como en un monasterio, porque estamos lo más lejos posible del suelo de la coherencia, del piso de lo que conocemos”. Ya no, mi vale. Ahora todo se vuelve volátil y todo se quiere rápido.

Y así es con el resto, calidad. Esto que viene pasa con pelaítos o con gente orate. Son esos que no terminan de conocerse y si se caen un poquito bien, ya se dicen que se aman. Pura rapidez sin frenos, brother. Esos no saben que el amor es un sentimiento que amerita tiempo, dejadez, tedio, sonrisas, desaciertos, sexo, ternura, amistad. Pero no. Yo no sé qué pasa. O es ese afán por correr y pensar en el resultado o es una carencia de afectos que obliga a los zombies a aferrarse a cualquiera que le escupa una sonrisa amable.

La gente quiere las cosas a toda mierda porque se ha olvidado del disfrute del proceso. Palabra adulta: PROCESO. Esa maravilla, esa sabrosura de ir poco a poco, con la paciencia de un escalador o de un preso que intenta fugarse, hasta el final de la meta. Es que ya no hay un goce en la acomodación de las piezas, en el ordenamiento mental, en los planes, en la reflexión. Lo que importa es el hecho, el resultado, y si hay tiempo- cosa dudosa- pensar después lo que se hizo.

Nadie nace siendo ¿Por qué será que cuesta entenderlo? Porque ahora todos quieren nacer con las cosas aprendidas. Si hubiera una pastillita que se pudiera esa gente tomar pa entender la naturaleza del cosmos y sus alrededores, ya se la hubieran zampado. Y entonces, pregunto yo, ¿pa qué vivir?  El aprendizaje y su camino, propone una manera distinta de ver el cuento, la película. Esa forma es la más exótica de estos tiempos, todo lo pausado es extraño. Las personas quieren saberlo todo ya, cuando la experiencia es totalmente contraria a la inmediatez. Se cae en una gran brutalidad creyendo que hay una cura para no nacer sabiendo. Las mujeres se preñan y al día siguiente quieren saber el sexo del bebé y el color de los ojos y si se va a dedicar a la medicina. Puro viaje torcido.

Cuando las cosas se sienten lentas, es porque quizás eres tú el que va muy rápido, mi vale. Hay que recuperar el proceso, el placer del proceso y no la frivolidad de un resultado. Y no te confundas: los resultados muchas veces son parte del proceso. Procésalo, mi pana, y mira el cielo la próxima vez que subas a la aeronave celeste.